La presencia lo es todo…

            La vida se nos va resolviendo grandes y pequeñas situaciones que se van presentando.  Que si un dolor de alguna parte del cuerpo, y con ello la preocupación por la salud; que si trabajar suficiente para pagar las inagotables cuentas inherentes al proceso de existir.  Alimentarnos, asearnos, vestirnos, transportarnos, divertirnos y todo lo que implica cubrir estas necesidades.   Las diferencias que surgen entre con quienes nos rodeamos; los planes que elaboramos a mediano y largo plazo.  Cuidar de los hijos, de los padres cuando son mayores, y a la pareja si es que tenemos.   Perseguir los sueños, cuidar el cuerpo, atender a las amistades, leer para actualizarse,  comer sano, cultivar el espíritu y mantenerse exitoso.  Todo a la vez.

Me llega una sensación de agobio al tiempo que escribo esto.  Si, la vida es así.  Una sucesiva ronda de necesidades que requieren irse satisfaciendo.  Hay que pagar la verificación, asistir al médico, comprar seguro de gastos médicos, ahorrar para la vejez, viajar a lugares exóticos, tener éxito, hacer ejercicio, arreglar la lavadora, cocinar saludable, pagar impuestos y colegiaturas, atender la relación de pareja, cultivar amistades, darse tiempo para uno mismo, y miles de cosas más…

Y ¿cómo?  He de responder que la respuesta no ha sido fácil para mí, ni de asimilar, ni de llevar a cabo….

Tengo la opción de partir  la vida en pequeños sucesos  presentes que resultan mucho más fáciles de digerir.

¿Que significa esto?   Es el equivalente a decir que la vida se vuelve mucho más fácil de vivir, cuando la voy viviendo en pequeños pedacitos en los que la presencia es lo único que hay.

Si a mis 38 años con unos -quizá 40 años de vida por delante,- me pongo a pensar e imaginar cada uno de los aspectos de mi vida; desde la educación de mis hijos, la responsabilidad económica que ello implica, la salud de todos nosotros, su educación espiritual, los días por delante de vacaciones que me gustaría tener a su lado, los planes que tengo con mi pareja, los nietos que querría tener, etc etc… nuevamente la sensación que me llega es de agobio y angustia por el futuro.

El pasado – como llegué a esta edad, en esta circunstancia específica, donde estoy parada- no existe.  Es cierto que mi presente fue determinado por mi pasado, pero no existe más.  El pasado me sirve para evocar recuerdos, o generarme dolor o alegría, pero no es real.

Y el futuro tampoco, con todo lo pesado o esperanzador que pueda resultar.  No puedo tocar a mis nietos, ni puedo mirar el rostro de mi hijo adulto.

El presente es lo único que existe.  Y en él, me es posible habitarlo todo.  En este momento, mi vida es escribir.  Teclear cada una de las letras que van formando las palabras lo es todo. Expresarme con el poder de las oraciones se convierte en la única posibilidad de existir completamente.  No deseo estar en ninguna otra parte, ni hacer ninguna otra cosa.   Escribir y teclear es lo único y lo más importante. A ello vine a la vida.

Y aquí hago una pausa… respiro… porque caigo en la cuenta de lo que estoy diciendo…

Así, en el presente, puedo constatar que nada me falta y que estoy en el lugar indicado… y esto puede aplicarse a todo cuanto va aconteciéndonos a lo largo del día.

La presencia nos da la experiencia de habitar todo cuanto va sucediendo en y a través de nosotros y observar que todo va pasando, y que dura apenas unos instantes.

Así que, para esta servidora, convertir la vida en una sucesiva serie de pequeños instantes que son únicos e irrepetibles y además mucho más digeribles; es una de las maneras de hacerme la existencia más fácil…

Que te sirva si lo necesitas como me ha servido a mí notar que el regalo de la presencia está accesible para todos nosotros…  solo basta con notarlo.

Mira a tu alrededor ahí donde te encuentras, detente y observa tu cuerpo, tu respiración, el regalo de poder mirar a través de tus ojos estas palabras; la bendición de constatar que tu mente funciona…  y de que cualquier cosa por la que estés atravesando… no impide que estés viv@ y que en el presente puedas habitarlo y mirarlo pasar…

Habita cada instante de tu vida…

Gina

tibet-panorama

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